LA DELGADA LÍNEA ENTRE PROTECCIÓN Y SOBREPROTECCIÓN

No debemos confundir proteger con sobreproteger. La protección hacia nuestros hijos e hijas es vital para ellos. Cuando son pequeños nos necesitan y dependen de nosotros para casi todo. Todos los animales, por instinto, protegen y cuidan de sus crías durante un tiempo determinado.

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Podríamos decir que sobreproteger a un hijo/a es ir más allá de cubrir y satisfacer sus necesidades y cuidados básicos. Algunos ejemplos son:

-Evitarle las intervenciones que le exijan vencer obstáculos como la incomodidad o la timidez.

-Permitirle que se escape de las obligaciones y de las consecuencias de su incumplimiento.

-Ejercer sobre él/ella una vigilancia constante, fruto del temor a que le suceda algo.

-Evitarle labores de casa y responsabilidades que conlleven esfuerzo.

-Correr con las consecuencias con las que debe cargar el hijo/a por sus actos voluntarios.

-Disculpándole la mala conducta ante otros adultos o sus hermanos/as.

-Ocultando el mal comportamiento al cónyuge, para que no le castigue o corrija.

-No corrigiéndole con el argumento de que es demasiado pequeño/a, no es el momento o ya es demasiado mayor.

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¿Cuáles son las consecuencias?

1.  Los niños/as sobreprotegidos generan un sentimiento de inutilidad y dependencia. Les cuesta emprender proyectos por sí solos y tienen miedo a lo desconocido.

2.  Carecen de iniciativa propia, de creatividad y de autoestima para realizar sus propias competencias.

3.  No muestran interés por conocer sus propios talentos ni por las necesidades de las personas que le rodean, en definitiva,  se convierten en personas egocéntricas.

4.  Tienen poca tolerancia a la frustración y por lo general muestran insatisfacción por sus propios logros.

5.  Suelen ser niños y niñas  poco empáticos, miedosos y con dificultades para relacionarse con los demás

Está en tu mano evitar estas conductas, te damos algunas pautas para que puedas proporcionar a tu hijo/a los cuidados que necesita para sentirse seguro y querido, sin caer en una excesiva protección:

  • Dejar que se enfrente a las dificultades, a adaptarse a un entorno que cambia constantemente y a desarrollar sus habilidades por sí solo.
  • Dejarle respirar, no estar permanentemente controlándole con preguntas o preocupaciones por su bienestar y salud.
  • Favorecer que aprenda a pensar por sí solo, a asumir nuevos retos. Hazle sugerencias, pide su opinión, tenle en cuenta…
  • Fomentar que juegue o realice actividades con otros niños, sin la presencia constante de los adultos.
  • No darle todo lo que pida o lo que creemos  que necesita. Mostrarle el valor del esfuerzo y las enseñanzas que encierran las dificultades y la frustración.
  • Estar a su lado cuando lo necesite, pero para apoyarle, no para solucionar sus problemas y realizar sus tareas.
  • Permitir que pase algún tiempo con otras personas para establecer lazos afectivos con abuelos y tíos e “independizarse” un poco de sus padres.
  • Tratarle de acuerdo a su edad.

Detrás de la sobreprotección está el miedo a que les ocurra algo malo, a la necesidad casi obsesiva por tener cada aspecto de la vida del niño/a “bajo control”, aspirando a ofrecerles así, una vida perfecta, sin traumas, sin errores.

La perfección en la educación no existe. Se trata simplemente, de estar cuando lo necesita. De servir de guía, de apoyo, de ofrecer un vínculo de amor y cuidado día a día y propiciar la madurez emocional de nuestros hijos e hijas.

Animo!