HABLAR DESDE EL YO

“Me estás alterando” “Me estresas” “Es que mira como me haces sentir” “Siempre me haces enfadar” … quien no ha dicho u oído miles de veces estas frases en medio de un enfado o una discusión. Son más que habituales, hacen que la persona que tenemos enfrente se ponga a la defensiva, si no lo estaba ya, y hacen muy difícil mantener la calma o intentar llegar a un acuerdo.

Al utilizar estas expresiones estamos culpando o trasladando la responsabilidad de nuestras emociones a la persona que tenemos enfrente y esto no es así. Nuestras emociones y reacciones dependen única y exclusivamente de nosotros/as. No son responsabilidad de nadie más. La gente hace cosas o tiene determinadas actitudes, el que esto nos afecte o cómo lo haga solo es nuestra responsabilidad y no podemos ni debemos culpar a la otra persona de ello.

Y en estas situaciones el lenguaje es determinante, la manera de expresarnos o de dirigirnos a la persona que tengamos enfrente puede calmar la situación o desbordarla. Y no solo a la persona a la que nos dirigimos, también podemos determinar nuestros pensamientos o la forma de sentirnos en función de nuestro lenguaje.

Si en medio de una discusión con mi hijo adolescente (con mi pareja, o mi madre, o mi amigo) le digo “Es que siempre estás igual, me pones nerviosa” lo normal es que él se ponga, como mínimo a la defensiva “¿Yo? si eres tu la que siempre te alteras …”. Le estoy directamente acusando de haberme hecho enfadar, y soy yo la que me estoy enfadando. Es verdad que él habrá hecho algo, lo que sea, pero el enfado es mío, mi responsabilidad.

La cuestión puede cambiar mucho si hablamos desde el yo. Describiendo cómo nos sentimos, sin trasladar la responsabilidad a la otra persona, sin acusar “Cuando llegas tarde a casa me siento mal porque creo que ha podido pasarte algo y me enfado”. Estamos describiendo lo que ha ocurrido, la situación y después cómo nos hemos sentido respecto a ello. Y nadie puede decirnos si nos sentimos así o no.

Al principio puede parecer artificial, no es fácil acostumbrarse a hablar desde el yo, requiere práctica, pero una vez que aprendemos a hacerlo nuestra comunicación y nuestras relaciones con los demás mejoran. Dejamos de estar a la defensiva en nuestras discusiones, hacemos ver a la otra persona como nos sentimos y le dejamos espacio para expresarse.

enfado