EL EFECTO FLYNN: ¿SOMOS CADA VEZ MÁS INTELIGENTES?

Hace 28 años James R. Flynn, investigador de la Universidad de Otago en Nueva Zelanda, descubrió que los resultados en las pruebas de Coeficiente Intelectual (CI) han venido mejorando sin cesar desde principios del S. XX. Esto es lo que se conoce como efecto Flynn: en promedio un niño de 10 años obtendrá en los test de inteligencia unos 10 puntos más que sus padres a la misma edad.

Si bien los resultados relativos a la aritmética o al vocabulario se mantienen casi constantes a lo largo del tiempo, el aumento de puntuación se debe casi por completo a ciertas mejoras en partes muy concretas de algunos de los test de inteligencia más comunes.

La mayor parte del incremento observado en el CI procede de dos subpruebas, ambas dirigidas a evaluar la capacidad para el razonamiento abstracto. En una de ellas se plantean preguntas como “¿en qué se parecen una naranja y una manzana?”  Una respuesta del tipo “las dos son comestibles” puntuaría menos que “ambas son frutas” ya que esta última trasciende las propiedades físicas más simples, requiere mayor nivel  de abstracción.

Una de las paradojas del Efecto Flynn consiste en que dichos test fueron diseñados para arrojar un resultado no verbal e independiente de la cultura, lo que los psicólogos denominamos inteligencia fluida: la capacidad innata para resolver problemas con los que no estamos familiarizados. Este efecto demuestra que hay algo en el entorno que está ejerciendo una acusada influencia en determinados aspectos de la inteligencia supuestamente ajenos a la cultura.

Tal vez no seamos más inteligentes que nuestros antepasados pero no cabe duda de que nuestras mentes están cambiando. “En 1900 la velocidad de los automóviles era ridícula porque las carreteras eran nefastas.  Con los vehículos actuales en ellas nos haríamos pedazos. Las carreteras y los coches han coevolucionado. A medida que mejoraron las primeras, también lo hicieron los segundos” nos explica Flynn.

Algunos estudios demuestran que estas diferencias intergeneracionales podrían estar vinculadas a una mayor flexibilidad en nuestra manera de percibir los objetos que nos rodean. “A todo el  mundo le resulta familiar el botón de arranque de la pantalla de un ordenador, sin embargo no es un botón de verdad”. Así, el efecto Flynn, podría estar indicando no un incremento de la potencia cerebral sino cuan modernas se han hecho nuestras mentes.

Cada vez nos adaptamos más rápidamente a los cambios, hace 10 años nuestros teléfonos móviles no ofrecían conexión a internet y hoy en día es difícil encontrar una persona sin un Smartphone. No solo eso sino que además cada vez reaccionamos más rápido, las Nuevas Tecnologías se han vuelto imprescindibles en nuestra vida diaria, mandamos mensajes constantemente, jugamos a videojuegos, consultamos y buscamos cantidad de información…

Tal vez por ello el efecto Flynn no debería causarnos tanta sorpresa, más llamativa sería su ausencia, pues eso significaría que habríamos dejado de responder al mundo que hemos creado.

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Fuente: “Más allá de los límites de la ciencia”; “¿Seremos cada vez más inteligentes?”; Tim Folger, periodista científico norteamericano premiado en numerosas ocasiones.