COMO GESTIONAR LAS EMOCIONES EN FAMILIA: LA TRISTEZA

La tristeza es una emoción básica, y como el resto de las emociones, no es buena ni mala, es necesaria para sobrevivir. La tristeza aparece ante la pérdida de algo o de alguien, o como respuesta a una situación desagradable y hace que nos sintamos sin ganas, con desánimo, sin alegría, con ganas de llorar. En los niños y niñas se puede manifestar también con conductas irritables y quejas somáticas (dolor de cabeza, dolor de tripa…).

Normalmente en las familias esta emoción es motivo de angustia, como padres y madres la preocupación principal es que nuestros hijos/as no sufran e intentamos evitar la tristeza, ocultando situaciones y, si aparece, nos cuesta gestionarla, no sabemos qué hacer…

Es verdad que nos gustaría que estuvieran felices, sin preocupaciones, alejados/as de todo aquello que pueda hacerles sentir mal, pero, la realidad es que en la vida existe la tristeza. Van a vivir  situaciones en las que no podamos hacer nada, van a sufrir, van a estar tristes… Y, de hecho, esto no es malo, forma parte de la vida, y asumir esa parte injusta y aprender a gestionar la tristeza les prepara para poder adaptarse cuando llega.

La cuestión es cómo enseñarles a gestionarla, como afrontar la tristeza. Lo primero que podemos hacer es preguntarles cómo se sienten, ayudarles a poner palabras a la emoción. Y para ello es importante que nos vean estar tristes, compartir nuestra experiencia. Ante el fallecimiento de un familiar, por ejemplo, explicarles que sentirse triste es normal en esa situación. Si tenemos la necesidad de llorar no hacerlo a escondidas, pueden vernos llorar, así les daremos “permiso” para que también lloren si lo necesitan.

Hablar de ello, ponerle nombre les ayuda a entender, a normalizar lo que está ocurriendo. Aceptarla y permitirles expresarla, siempre de una manera adecuada. Por ejemplo, entender que no quieran hacer cosas, que prefieran estar en soledad, siempre dejándoles claro nuestra disponibilidad a hablar cuando lo necesiten.

En ocasiones, sobre todo en las edades más tempranas, pueden mostrar enfado o irritación, si es así y la conducta no es la adecuada podemos proporcionarles alternativas, pero siempre teniendo en cuenta que lo que no es adecuado es la conducta, no la emoción. Por ejemplo si muestran su tristeza chillándonos o pegándonos no dejarles hacerlo, mostrarles alternativas, pero siempre sin penalizar ni castigar la emoción: “Entiendo que estés triste, yo también lo estoy, vamos a intentar  hablar más bajo, sin gritar”.

Ayudarles a ser emocionalmente inteligentes, a comprender y saber gestionar sus emociones les ayudará a vivir y a enfrentarse a las situaciones de la vida de una manera más satisfactoria.

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