¿CÓMO CONDUCES TU AUTOBÚS?

Imagina que eres el conductor de un autobús, conoces la ruta y sabes a donde tienes que llegar. El autobús está lleno de pasajeros. Al comenzar el viaje algunos de ellos empiezan a quejarse, notas que te distraen, pero tú intentas no hacer caso y sigues conduciendo.

Al cabo de un rato uno de ellos te dice que te has equivocado, que ese no es el camino, otro asiente y comienza a gritarte “¡Eres un torpe!, ¡te has saltado un stop!”. Paras el autobús y les pides por favor que se callen, que sabes lo que haces, que te dejen hacer tu trabajo tranquilo.

Te das cuenta de que has parado el autobús y vas a llegar tarde, así que arrancas y sigues conduciendo pero otros pasajeros siguen gritando y diciéndote que no vas bien, que te has equivocado. Todos los pasajeros te gritan, ya no sabes que hacer, piensas que quizás te hayas equivocado, que tal vez tengan razón, te hacen dudar…

Después de un rato horrible intentando no hacerles caso y pidiéndoles que se calmen desistes,  sigues la ruta que ellos te indican y acabas perdiéndote y, por supuesto, no llegas a tu destino…

En esta metáfora los pasajeros son tus pensamientos negativos, esos pensamientos que aparecen y consiguen distraerte e incluso disuadirte de tus intenciones y metas.  Al prestarles atención has parado el autobús y has perdido tiempo, llegando tarde. Finalmente no has podido con ellos, han conseguido que perdieras el control y distraerte hasta el punto de no llegar al destino marcado.

Controlar los pensamientos negativos no es fácil. Algunas personas lo consiguen distrayéndose con otras actividades, por ejemplo,  el conductor podría haber puesto la música de la radio alta, evitando así escuchar a los pasajeros.

Otras dejan estar a los pensamientos, no enfrentándolos. El conductor, que sabe lo que hace, pierde tiempo y esfuerzo intentando convencer a los pasajeros, retrasando su llegada. En este caso no les haría caso, pensando que es su trabajo, sabe hacerlo bien y no va a permitir que le distraigan de su camino, centrándose en llegar a su destino.

Cada persona puede elegir la forma que le resulte más fácil y adecuada, no hay una fórmula perfecta, es cuestión de ser conscientes de ello, de cómo los pensamientos negativos pueden distraernos y hacernos olvidar nuestro camino.

Encuentra tu fórmula, tú eres el conductor, toma el volante y llega a tu destino!

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