COMO AFRONTAMOS EL ESTRÉS

Como ya comentábamos en un post anterior, el estrés se define como una reacción del organismo ante situaciones que se perciben como amenazantes o desafiantes. Dentro de unos límites el estrés nos puede ayudar a mejorar nuestra adaptación a estas situaciones, sin embargo, si no podemos controlarlo y manejarlo puede convertirse en un problema.

Se denomina afrontamiento al conjunto de esfuerzos y estrategias que desarrollamos  para controlar las situaciones de estrés. No todas las personas nos enfrentamos de igual manera, es decir, desarrollamos distintos estilos de afrontamiento. Estos estilos de afrontamiento son los intentos de solucionar la situación que nos provoca estrés, independientemente de que lo solucionemos o no.

Los estilos de afrontamiento suelen ser estables a lo largo del tiempo y característicos en cada persona. Según predomine en nosotros un estilo u otro así nos enfrentaremos cuando nos encontremos ante una situación de estrés.

Los estilos y estrategias utilizadas varían ampliamente según cada persona pero podemos agruparlos en dos grandes dimensiones:

Afrontamiento activo. Las personas que desarrollan este estilo de afrontamiento utilizan diferentes estrategias, todas ellas orientadas a la solución del problema de manera activa, buscando apoyo social, cambiando sus pensamientos acerca de la situación, expresando sus emociones.

Un ejemplo de este tipo de afrontamiento sería cuando una persona, ante el fallecimiento repentino de su pareja, busca el apoyo y compañía de otros familiares, expresa sus emociones, retoma alguna actividad olvidada… Esto no significa que esa persona no esté sufriendo por la pérdida, que no sienta tristeza, soledad y momentos de angustia, pero sí que sus estrategias para enfrentarse a la situación pueden ayudarle a sobrellevar mejor el proceso de duelo.

Afrontamiento pasivo. Caracterizado por la evitación del problema, el escape de la situación, la autocrítica y la retirada social o la no búsqueda de apoyo.

En este tipo de afrontamiento y  ante la misma situación del ejemplo anterior la persona se quedaría en casa, no querría el apoyo ni la compañía de su entorno, abandonaría por completo cualquier actividad que antes realizaba e incluso se culparía de su comportamiento ante la situación. Sentiría también tristeza, soledad y angustia, pero además culpa, remordimiento, ansiedad… Esto no ayudaría en el proceso de recuperación que podría prolongarse en el tiempo con el deterioro que esto podría ocasionar para su salud, tanto física como mental.

El tipo de afrontamiento que utilizamos juega un papel fundamental en nuestra salud, pudiendo determinar el grado en el que manejamos y superamos las situaciones o nos quedamos encajados en ellas sin desarrollar estrategias que nos ayuden a superarlas.

No obstante las estrategias de afrontamiento activo se pueden aprender y  desarrollar, mejorando así nuestra capacidad de respuesta ante el estrés