ADOLESCENTES Y SITUACIONES DE CRISIS EN LA FAMILIA, QUÉ HACER

Durante este periodo de sus vidas los/las adolescentes se ven expuestos/as a un estrés continuo, que tiene que ver con una serie de circunstancias que caracterizan esta etapa. Todas estas circunstancias son normales, adaptativas y evolutivas, pero eso no significa que no sean una fuente de conflictos para ellos/as y sus familias.

Deben enfrentarse a los cambios físicos, pueden llegar a sentirse extraños y extrañas en su propio cuerpo, y, en ocasiones, esto puede llevarles a tener problemas de autoestima. Por otra parte están construyendo su personalidad, oponiéndose a las normas aprendidas en la familia, buscando sus propios valores.

Cuestionan a los adultos, como forma de encontrar su identidad, y esto es un motivo de disputa y estrés en el entorno familiar. Las figuras de apego se desplazan, ya no son el padre o la madre, ahora es el grupo de iguales el referente absoluto y prioritario.

Si a todo esto le añadimos una situación difícil y traumática como puede ser la muerte de un familiar o un accidente grave, el estrés se puede disparar y hacer que la gestión de lo ocurrido se complique.

Para ello desde las familias debemos tener especial cuidado y recordar la etapa evolutiva en la que se encuentran para que esta gestión se lleve a cabo de la mejor manera posible. Las cuestiones básicas y más importantes a tener en cuenta por las familias a la hora de tratar y gestionar lo ocurrido si hay adolescentes son:

  • Tratarles como si fueran adultos. Si bien los/las adolescentes están en constante cambio físico y emocional, a nivel cognitivo tienen la capacidad de entender la información como un adulto por lo tanto es importante informarles de lo ocurrido de manera veraz. No deben sentir que les tratamos como niños, porque no lo son y se cerrarán. Deben sentir que les tratamos como iguales.
  • No omitir información, y evitar juzgar, tanto sus emociones como sus reacciones. Un adolescente puede no expresar su dolor o preocupación de la misma manera que lo haría un adulto, pero eso no significa que no esté sufriendo. Evitar de igual manera adoctrinar, decirles lo que deben o no hacer, o lo que está bien o mal en estas situaciones. Respetar y validar sus emociones, por extrañas que nos parezcan.
  • Estar disponibles en todo momento, hacérselo saber pero sin agobiar. No insistir ni imponer nuestra presencia, ni restar autonomía. En ocasiones preferirán la soledad a la compañía de la familia, puede que nos cueste entenderlo pero debemos respetarlo.
  • Respetar que prefiera estar con su grupo de iguales. El grupo en esta etapa es el referente, buscaran en él consuelo y apoyo, y les ayudará a calmarse. Esto no significa que no necesiten a la familia, pero en estos momentos su referente es el grupo de iguales y debemos facilitar que acudan a él si lo necesitan.

Teniendo en cuenta estos factores conseguiremos más fácilmente que los adolescentes se sientan respetados/as y queridos/as,  y de esta manera sean  más capaces de gestionar una situación de crisis dentro de la familia.

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