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¿POR QUÉ NOS “ENGANCHA” TANTO INTERNET?

 “Si me dejo el móvil tengo que volver a por él”, “No puedo dejar de mirar el facebook”, “Estoy enganchada al candycrush”…. ¿por qué nos enganchamos tanto?

No hay un solo motivo, en realidad son una serie de factores que, de forma conjunta, hacen que nos “enganchemos”, que sintamos que perdemos el control y que hacen que estas conductas interfieran en nuestras actividades de tal manera que nos resulte un problema.

Ya lo dijo Thorndike (psicólogo y pedagogo estadounidense) en 1898: Una conducta que es seguida de consecuencias agradables tenderá a repetirse  es decir, si cuando miro mis perfiles en las redes o envío un mensaje de whatsapp al instante tengo respuesta o  25 “MeGusta” en mis fotos, volveré hacerlo una y otra vez.

No solo eso, además recibo un importantísimo refuerzo social, es decir, una respuesta de consecuencias agradables: mis amigos comentan lo guapa  que estoy en las en las fotos o  me responden los mensajes al instante con un  emoticono gracioso. Y si no me siento bien en mi grupo de amigas de whatsapp enseguida encuentro consuelo, siempre hay alguien online.

Pero ¿cómo se si me estoy enganchando?, ¿cómo lo detecto en mis hijos/as?

Una cuestión importante es que la medida del tiempo no sirve, yo puedo pasarme 8 horas trabajando en Internet sin que eso sea perjudicial, sin sentir que estoy enganchada. Una medida más ajustada sería pensar si lo que hacemos interfiere en nuestras actividades. Por ejemplo, si no dejo de mirar el whatsapp cuando estoy comiendo, si mi hija no hace los deberes porque se pasa horas jugando a los videojuegos o ha dejado de salir con sus amigos.

Otra manera de saberlo puede ser la sensación de pérdida de control, siento que en cierto modo no puedo controlarlo “Me he dejado el móvil en casa y me he pasado toda la mañana angustiado” o “Sé que tengo que dejar de mirar constantemente el móvil pero no puedo”.

Cambios de humor, mi hijo se pasa el día irritado y se enfada terriblemente si no funciona el wifi, o cambios de conducta, mi hija ha dejado de ir a los entrenamientos del deporte que antes tanto le gustaba, o apenas se comunica con nosotros, se pasa el rato jugando en internet… pueden ser también indicadores de que algo esté ocurriendo.

Si os resultan conocidas una o más de estas situaciones es posible que os encontréis ante un problema de uso abusivo de las nuevas tecnologías.

¿Hay algo que podamos hacer?….

Dado que usamos el móvil, los ordenadores, las tablets de manera habitual y para casi todo (consultar nuestro saldo del banco, enviar un mail, recibir un mensaje de un amigo, actualizar nuestro CV….) no sería adecuado buscar el cese total de estas actividades sino dejar de perder el control sobre ellas, que no interfieran en nuestra vida causándonos malestar.

Por ello la prohibición o restricción del 100 % no sería adecuada. Poner límites sí, por ejemplo, no usar el móvil durante las comidas, apagarlo por la noche, desconectar el wifi durante unas horas, planificar salidas o actividades dejando el móvil en casa…

No hay una fórmula mágica, cada familia o persona debe encontrar la suya, la cuestión es encontrar y propiciar espacios libres de” estar conectados” o actividades incompatibles con una conexión (hacer deporte, ir al cine, o simplemente dejar el móvil en casa al salir…).

De esta forma reduciremos los tiempos de conexión, iremos poco a poco acostumbrándonos a estar desconectados y comprobar que no se hunde el mundo, que los mensajes, los juegos y las redes sociales pueden esperar.

Si subo una foto a mis redes desconectarme y esperar un tiempo antes de volver a conectarme o dejar de jugar justo en el momento en el que consigo el premio, es decir, separar la conducta de su refuerzo inmediato.

También podemos utilizar pequeños trucos para no perder la noción del tiempo jugando o conectados; ponernos una alarma pasada una hora o escuchar una lista de música de duración determinada de antemano, así dejaremos la actividad al sonar la alarma o al terminar la música.

Y, si a pesar de todo esto seguimos sintiendo esa pérdida de control, o esa interferencia en nuestras actividades puede ser el momento de consultar un profesional con una orientación más personalizada y eficaz.

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